Artistas, caimanes y satélites

Aquest cop hem fet un llibre a quatre mans per explicar la intensa vida de Manel Menéndez, artista i gestor cultural arreu del món. Us n’oferim el primer capítol (i quatre imatges de la coberta, que ens ha quedat fantàstica!)

“En febrero de 2020 subí al montículo que separa Portbou de Cerbère. En la cima quedan los restos de lo que llaman la Caseta de los Alemanes, una minúscula construcción de vigilancia hecha por el Tercer Reich durante la Segunda Guerra Mundial. Su ubicación es excepcional: enfrente tengo el mar de un azul intenso y, a cada lado, un pueblo y un país.

–Aquí hice mi primer acto político.

Quien habla es un hombre de unos 65 años. Le he visto llegar hace un rato, andando desde el lado de Portbou. Pelo blanco, gafas finas y expresión viva. Tiene acento francés.

–Qué vista, ¿verdad? –continúa.–No está nada mal.El ruido del mar sube por el acantilado. Las flores amarillas vibran con el sol y un par de gaviotas cruza el azul del cielo.

–Durante el franquismo aquí cerraban la frontera a las 12 de la noche –dice–. Más de una vez me quedé atrapado en España. Allí tenía la novia, yo.

–¡Qué mala suerte! –le digo.Se ríe.–Un día –añade– acompañé a Carrillo aquí arriba. Pero no a Santiago sino a su padre, Wenceslao. Yo era un niño, no creas. Hacía muchos años que no subía aquí, pero la memoria te lleva por donde quiere. Cuando estás en Guinea extrañas Brasil, cuando estás en Brasil extrañas México, cuando estás en México extrañas Francia…

–¿Y cuando estás en Francia?

–Supongo –dice– que añoras la infancia. O la juventud.

–O su novia de España.–A ella no la puedo añorar, ¡que es mi mujer!–¿Y usted vino aquí con Carrillo?–Coi, ya te lo he dicho. Fue mi primer acto político. Vino a casa cuando yo era pequeño, en Cerbère. Después de comer le dijo a mi padre “llévame hasta la frontera que quiero ver España”. Yo les acompañé.

–No todo el mundo recibe la visita de Carrillo.

–Mi padre conocía a mucha gente. Un día encontré su carné del Partido Socialista en el exilio: tenía el número uno.

–¿Y usted ha estado en Guinea, Brasil, México…?

–Sí, ¡pero no como exiliado! Fue con mi trabajo. Pero lo importante no son los países sino la gente. He tenido la suerte de conocer a un montón de personas. Álvaro Mutis, Botero, Jean-Marie Le Clézio, Palau i Fabre, José Luis Cuevas… Daría para escribir un libro.

–Hablémoslo.

El personaje con quién estoy a punto de empezar una aventura literaria se llama Manel Menéndez Alambillaga. Después sabré que ha sido director de distintas sedes de la Alianza Francesa y del Instituto Francés por todo el mundo, y que es un notable fotógrafo, escultor y poeta, con varios libros publicados. Le cedo la palabra.”

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