Créixer a l’exili

Aquesta setmana hem acabat la història del fill d’un exiliat. El contrast dels primers anys entre França i Espanya ens sembla molt interessant. Us convidem a llegir-ne un fragment i afegir la vostra visió!

“Todos esos años están llenos de sombras, para mí. Personas que aparecían por casa, a veces se quedaban a dormir y hablaban de muertos, exilios y esperanzas. Mi padre, toda su vida, estuvo muy puesto en temas políticos hasta el punto de que tenía el carnet número uno del Partido Socialista en el exilio, de modo que nuestra casa de Cerbère fue lugar de paso y encuentro de muchos españoles refugiados. Uno de ellos fue Wenceslao Carrillo, de quien ya hemos hablado […]

En general, recuerdo mi infancia como una época feliz. Jugaba mucho con mi hermana, en la terraza de casa, desde donde veíamos pasar los trenes y la boca del túnel que unía Cerbère con España. Nuestra situación económica no era fácil pero tampoco pasábamos penurias. No vivíamos la posguerra española sino el exilio en Francia y el hecho de estar en una república democrática nos permitía un mínimo de condiciones de vida: teníamos médico de familia, dentista, farmacia, seguridad social… Y en la escuela leímos el Lazarillo, Campos de Castilla, el Quijote, Lorca… ¡Nada que ver con lo que se leía en España durante el franquismo! 

[…] De esa época recuerdo el asesinato de Kennedy en el sesenta y tres, las huelgas del sesenta y ocho (que paralizaron todo el país) y especialmente –porque yo era pequeño y me interesaban otras cosas– mi fantástica camisa de flores hecha por mi madre. Era la primera camisa floreada que se vio en Cerbère y causó furor. Mientras, mi padre seguía escuchando la radio (el programa España para los españoles), maldecía el giro a la derecha de De Gaulle y esperaba que cayera el gobierno de Franco.”

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